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| ACUARIO/LAS
TRUCHAS BLANCAS |
¿Por qué las truchas blancas tienen una mancha roja?
(Segunda y última parte)
Cuando vio que un lado estaba frito la volteó y ¡atención!
La trucha blanca no se doró ni por ese lado ni por el otro.
- Mala suerte para mí dijo el soldado lo
intentaré de nuevo, querida trucha, te crees muy lista. Y
diciendo esto la volteó una y otra vez sin señales
de que el fuego llegara a la pobre truchita.
- Bueno, mi feliz truchita, tal vez ya estás lo suficientemente
cocida, aunque no te ves bien, puede ser que estés mejor
de lo que te ves- . Diciendo esto se acercó con el cuchillo
y el tenedor para probar un pedacito de la trucha blanca, pero en
el momento que puso el cuchillo en el pez, se escuchó un
alarido mortal, tan fuerte que al oírlo pensarías
que la vida te abandonó. La trucha brincó lejos del
sartén y en el lugar donde había caído se levantó
una hermosa damisela vestida de blanco. Era la criatura más
hermosa que han visto los ojos humanos, con una banda de oro en
su cabello y un hilo de sangre corriendo por su brazo.
- Mira dónde me has cortado, villano dije ella
y le acercó el brazo sangrante, él creyó que
la vista lo abandonaría.
- ¿No podías dejarme fresca y cómoda en
el río en el que me capturaste y no molestarme en mi deber?
Él temblaba como un perro en un costal mojado, al final
logró murmurar algo. Suplicó por su vida, pidió
el perdón de la dama argumentando que no sabía que
ella cumplía con su deber y dijo que no era un buen soldado
por meterse con ella.
- Yo estaba cumpliendo mi deber dijo la doncella
, estaba montando guardia en espera de mi amor verdadero que está
viniendo a mí por agua. Si él llega mientras no estoy
y lo pierdo, te convertiré en picadillo, te cazaré
en lo alto y en lo bajo por siempre, mientras el pasto crezca y
el agua corra.
El soldado pensó que la vida lo abandonaba, con sólo
pensar en ser convertido en picadillo clamó por misericordia
a lo que respondió la dama:
- Renuncia a tus malas acciones, se un buen soldado en el futuro,
cumple con tu deber y ahora regrésame al río de nuevo,
donde me encontraste.
- ¡Oh mi señora! dijo el soldado ,
¿cómo pude tener el corazón de lastimar a una
criatura como tú?
Antes que pudiera decir otra palabra la dama desapareció
y sólo se veía la pequeña trucha blanca en
el suelo. Él la puso en un plato limpio y corrió con
miedo a que el amado volviera mientras ella no estaba en el río.
Corrió y corrió hasta que llegó al río
y tiró a la truchita en sus aguas. En el minuto que hizo
esto el agua se tiñó de color rojo, por un rato por
la cortada aún sangrante. A partir de entonces las truchas
blancas llevan una marca roja en el costado, en el lugar de la herida.
Desde ese día el soldado cambió, nunca comió
pescado en los días de ayuno. Con el curso del tiempo dejó
el ejército y se volvió un ermitaño. Se dice
que rezó todos los días de su vida por el alma de
la trucha blanca.
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