¡Aguas con la enfermedad poliquística renal!
(Segunda parte...)
MANIFESTACIONES DE LA ENFERMEDAD
Los gatos afectados pueden vivir muchos años sin tener ninguna
alteración porque los quistes pueden ser muy pequeños
hasta los siete años de edad, cuando la mayoría de
los gatos con enfermedad poliquística renal tienen crecimientos
importantes de los quistes. Cuando esto sucede, los riñones
empiezan a perder su función y dejan de eliminar muchos productos
que son tóxicos para el organismo del gato. La acumulación
de estas sustancias tóxicas provoca las manifestaciones clínicas
de la enfermedad: los gatos empiezan a consumir menos alimento,
se muestran deprimidos, toman mucha agua y orinan más de
lo habitual. El vómito es uno de los signos que con más
frecuencia se presenta en casos de insuficiencia renal debido a
la acumulación de las sustancias de desecho mencionadas y
que se depositan en la mucosa del estómago causando gastritis.
EL DIAGNOSTICO
Existen varios métodos que permiten identificar a los gatos
que padecen esta enfermedad. Si el problema está presente
en un gato adulto y éste ya tiene manifestaciones clínicas,
el diagnóstico se obtiene sin ningún problema. Pruebas
de sangre permiten determinar los niveles de las sustancias que
el riñón se encarga de eliminar, por lo que su aumento,
junto a un examen general de orina, indica la disfunción
de los riñones. El siguiente paso es determinar la causa
del mal funcionamiento renal. Estudios radiográficos con
medios de contraste - urografía excretora- visualizan
perfectamente las estructuras del riñón y son un método
auxiliar en el diagnóstico.
El método de diagnóstico más preciso es el
ultrasonido, pero requiere de equipos adecuados y de amplia experiencia
del médico que interpreta. El ultrasonido permite incluso
detectar quistes desde la cuarta semana de edad, aunque puede resultar
difícil realizarlo en esta etapa, pero con el equipo y la
experiencia adecuados, esta enfermedad se puede diagnosticar con
un 95 por ciento de precisión a partir de los 10 meses de
edad.
Como la enfermedad no se manifiesta hasta que el gato ya tiene
varios años de edad, es probable que pase desapercibida y
el riesgo de transmisión a la descendencia es alto. Por eso
es recomendable evaluar a todos los gatos persa o descendientes
a partir de los 10 meses y evitar la reproducción de los
que resulten positivos. Además, la detección temprana
permite prolongar y mejorar la vida de los animales afectados.
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